No todo es perfecto: el doblaje a veces suaviza sutilezas del texto original, y las decisiones de adaptación pueden cambiar tonos o eliminar matices filosóficos. Pero ese ajuste no es necesariamente una pérdida; es una trasformación creativa que adapta la fábula al oído de otra cultura. Al final, la esencia persiste: personajes que crecen frente a probaciones, finales que combinan pérdida y esperanza, y la sensación de que, detrás de lo fantástico, hay lecciones humanas que trascienden idioma.