Mariana era una joven estudiante de arquitectura que pasaba la mayor parte de sus tardes encerrada entre planos y renderizados. Cuando el semestre llegaba a su fin, la presión de los proyectos finales hacía que sus ojos se cansaran y su cabeza empezara a dar vueltas. Una noche, mientras revisaba su correo, encontró un mensaje críptico de un viejo amigo de la secundaria: