Tras el concierto vino la primera reacción oficial: un mail protocolario del departamento legal del sello, amenazando con demandas por supuesta violación de fechas de entrega. Pero algo habÃa cambiado. En cuestión de dÃas, las reproducciones de las canciones de Luna en plataformas independientes y el apoyo de radios comunitarias explotaron. CrÃticos y periodistas emergentes empezaron a escribir reseñas que se centraban en la autenticidad de su propuesta y en la crisis contractual como telón de fondo. Varios conciertos fueron sold out sin la maquinaria del sello; la gente pagaba por la experiencia, por el riesgo que percibÃan en su música.