En el momento de la exposición final, Clara pintó no por números, sino por intuición. Combatió errores con su corazón, añadiendo un estilo único: trazos suaves en las sombras del omóplato, un destello de luz en la rótula. El público no entendió por qué lloraba un niño viendo una mujer desnuda en el lienzo, pero supo que no era un dibujo, sino una .